Son escenas diferentes, pero aproximadas da la impresión de que esta calurosa húngara le está sacando la lengua a la friolenta tucumana. Mientras en el país donde nació el músico Franz Liszt las temperaturas primaverales superaron los 34 grados, en nuestra ciudad la mínima otoñal fue de 7,8º y obligaron a abrigarse en exceso para ahuyentar la helazón.